Las posibilidades para América Latina y el Caribe para acceder a la futura vacuna contra el COVID-19

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Jennifer Bueno, Gestora de Comunicaciones Misión Salud

Cuando se desarrolla una vacuna, en la mayoría de los casos, es porque la enfermedad que atiende está arrebatándole la vida o la dignidad a miles o millones de humanos en una región específica o en todo el planeta. Su desarrollo no responde a la expectativa de lucro[1] sino a intereses de la ciencia en resolver una necesidad sanitaria.

Es famosa la expresión acuñada por Jonas Salk (desarrollador de la primera vacuna contra la polio) cuando se le preguntó sobre el patentamiento de su desarrollo “no se puede patentar el sol”, haciendo alusión al valor de las vacunas para la humanidad.

Sin embargo, el desarrollo de vacunas empezó a transformarse de acuerdo a las transformaciones del mercado de los medicamentos. Si bien las universidades siguen trabajando en el desarrollo de vacunas para cientos de patógenos alrededor del mundo, solo aquellas que resultan atractivas para los productores privados llegan a la fase de aplicación.

Así, vacunas y tratamientos contra el dengue, la malaria, la leshmaniasis, el Chagas, por ejemplo, no reciben los recursos necesarios para culminar su desarrollo y avanzar en la fase de pruebas, pues las personas víctimas de estas enfermedades viven generalmente en países que no tienen las capacidades financieras para ser un mercado atractivo que cumpla con las expectativas de lucro para los fabricantes. Los países cuya población es víctima de estas enfermedades no han desarrollado la capacidad de infraestructura necesaria para realizar la producción de estas vacunas o la han ido perdiendo en las últimas décadas.

Han surgido en las últimas décadas iniciativas públicas y privadas que buscan garantizar que las vacunas que se desarrollen tengan un acceso equitativo, por ejemplo la Alianza público-privada Global Alliance for Vaccines and Immunisation (GAVI), o el Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Ambas iniciativas realizan procesos de negociación con los productores de vacunas en búsqueda de precios y modelos de compra que permitan a los países la inmunización de la mayor cantidad de personas, pero con modelos de funcionamiento distintos.

Los países que son estados miembros de la Organización Mundial de la Salud en América Latina y el Caribe forman parte del Fondo Rotatorio OPS. A través de estel adquieren, por ejemplo, las vacunas contra la poliomielitis, sarampión, fiebre amarilla, rotavirus y virus del papiloma humano[2] y para algunas vacunas este fondo acude a GAVI.

Desde la creación del Fondo Rotatorio de la OPS, las industrias locales en crecimiento y con capacidad de producción y/o adecuación de vacunas fueron retiradas del “mercado de las vacunas” pues las inversiones requeridas para adecuar la infraestructura superaban las posibilidades de rentabilidad frente a los precios logrados en la importación por parte del fondo OPS o GAVI[3].

Durante años este modelo de negociaciones centralizadas en el Fondo OPS o en GAVI, se ha ido profundizando y en ambos casos han surgido críticas y cuestionamientos ya sea sobre su capacidad de negociación (OPS) o su transparencia (GAVI).

¿Y la vacuna del coronavirus?

Como ya se ha anunciado en múltiples medios de comunicación, el desarrollo de la vacuna contra el SARS-CoV2 se encuentra en plena carrera. Participan en ella las principales multinacionales farmacéuticas en alianza con grandes centros de investigación de las más reconocidas universidades del mundo.[4]

proceso de desarrollo

Ya hay desarrollos que se encuentran en la segunda fase de desarrollo que pronto avanzarán hacia la Fase 3, que implica la participación de grandes cantidades de personas. Si bien se podría esperar que la prisa de los desarrolladores responde a salvar la vida de millones de personas alrededor del mundo, los hechos de las últimas décadas permiten hipotetizar que la motivación de esta carrera es el gran negocio que hay detrás de la venta y distribución de esta vacuna.

La pandemia causada por el SARS-CoV2 mejor conocida como COVID-19, ha paralizado la economía mundial y ha exacerbado las principales problemáticas sociales del mundo: pobreza y desigualdad. Buscando la reactivación económica, las naciones entraron en su propia carrera para asegurar el mejor puesto en la fila de la adquisición: el nacionalismo de las vacunas. A excepción de la iniciativa de la Unión Europea, cada nación está por su cuenta buscando y explorando todos los escenarios posibles para estar lo más cerca de los primeros puestos de la fila.

América Latina y el Caribe

En el reciente seminario virtual “Vacinas e medicamentos para COVID-19 como bens públicos globais” organizado por la organización brasileña Fiocruz, se abordaron, entre otras temáticas,  las perspectivas del principal laboratorio público de ese país Biomanguinhos para la producción de la vacuna. En él se pudo ver cómo la región está obligada a realizar acuerdos y negociaciones con los líderes de la carrera del desarrollo (AztraSéneca-Oxford, Sinovac Biotech, CaSino, Moderna, etc)[5] . Si bien Fiocruz está desarrollando una vacuna propia, esta se encuentra aún en las primeras fases y no se prevé un lanzamiento antes de 2022.

Es importante aquí recordar que el desarrollo de una vacuna suele tardar más de 10 años, esto puesto que le será aplicada a personas sanas, por lo mismo su efectividad y ante todo su seguridad deben estar estrictamente comprobadas. No deja de preocupar entonces la seguridad de una vacuna desarrollada en cuestión de meses.

Por lo pronto el único mecanismo regional con el que cuenta la región es el Fondo de la OPS, y su capacidad para lograr un buen trato y posición en la fila de adquisición.

Colombia

El 30 de junio pasado, en la Rendición de cuentas del Ministerio de Salud, el Comité de Veeduría y Cooperación en Salud, le preguntó al ministro cuál era el plan del gobierno nacional para garantizar el acceso a una posible vacuna, en su corta respuesta anunció la exploración de cuatro mecanismos: 1. Apoyo a resolución de la Asamblea Mundial de Salud; 2. A través del Fondo de la OPS iniciar el proceso de compra; 3. Vinculación a la estrategia GAVI; y 4. Colombia como población para fase III de ensayos clínicos para vacunas.[6]

Preocupa seriamente que como estrategia para ponerse entre los primeros de la fila de adquisición el país deba exponer a su población a los riesgos de un ensayo clínico y más uno de una vacuna desarrollada en meses, imposible obviar que los sujetos prioritarios serán las personas  profesionales de la salud, todos las mayores de 65 años, y aquellas que son consideradas población de riesgo.

Un mes después de este anuncio se conoció que el Ministerio ya se encuentra teniendo negociaciones y acuerdos confidenciales con algunos de los laboratorios líderes.

En ningún escenario se está hablando de desarrollar y potenciar una industria local nacional que le permita al país producir o adecuar vacunas, y reducir la dependencia de la importación y los costos que ésta implica. Deberían considerarse medidas que al mediano o largo plazo mitiguen la vulnerabilidad frente a los precios que los productores fijen, así como la dependencia de ofertas que se restrinjan a las posibilidades que GAVI establezca para los países de América Latina.

Continuar atendiendo las emergencias sanitarias sin una visión a largo plazo en materia de atención primaria, promoción y prevención, y autonomía sanitaria sólo llevará al país a situaciones de mayor vulnerabilidad en el futuro. Ya es bien sabido que esta es la primera de varias pandemias que ocurrirán en el mediano plazo, y es obligación de los estados fortalecerse para cumplir con la obligación de proteger y garantizar el derecho a la salud y la vida de sus poblaciones.

Referencias

[1] Por ejemplo el Variola virus (causante de la viruela),  Bordetella pertussis (causante de la tos ferina), poliovirus (causante de la poliomielitis), entre otras.

[2] https://www.paho.org/hq/index.php?option=com_content&view=article&id=1864:paho-revolving-fund&Itemid=4135&lang=es

[3] Con algunas excepciones como Brasil, la región latinoamericana es dependiente de la importación de vacunas de uso humano y de las negociaciones que ya sea el Fondo OPS o GAVI realicen por ellos.

[4] https://www.bloomberg.com/features/2020-coronavirus-drug-vaccine-status/

[5] https://www.bio.fiocruz.br/index.php/br/noticias/1846-covid-19-fiocruz-firmara-acordo-para-produzir-vacina-da-universidade-de-oxford

https://www.dw.com/es/qu%C3%A9-vacunas-contra-el-covid-19-eval%C3%BAa-am%C3%A9rica-latina/a-54171347

[6] https://www.mision-salud.org/actualidad/5361/#utm_source=rss&utm_medium=rss

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